Diabetes al día

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Dra. Adela González Barnech
¿Cómo Asimila El Paciente Las Indicaciones Del Profesional?PDFImprimirE-mail
Escrito por Dra. Adela González Barnech

 

En el artículo que se publicó en abril de este año, - “Relación paciente – especialista: ¿existe una verdadera crisis asistencial?” Diabetes al Día. Abril.2012 - señalé que la relevancia del tema abordado merecía que se continuara en una 2ª parte. He aquí lo prometido.

 

Luego de muchos años de ejercicio profesional, puede sorprendernos la cuestión de si los pacientes realmente han asimilado lo que en cada consulta hemos procurado ofrecer.

Los lectores pueden preguntarse el porqué del planteamiento de este tema, dándole una importancia especial. Sin lugar a dudas es la base de nuestro ejercicio profesional, porque vanos serán nuestros esfuerzos si no se logran cambios adecuados y permanentes en el paciente.

En realidad, el hecho que el paciente asimile las indicaciones del profesional es el gran desafío para el éxito del tratamiento.

Primero Necesitamos Esclarecer Conceptos

Parece necesario, en primer lugar, establecer la definición de determinados conceptos que se emplean como sinónimos respecto a la respuesta frente a la indicación  del profesional.

Comúnmente se utilizan términos como “adherir”, “cumplir”, “incorporar”, para referirse a la respuesta del paciente. Al consultar el Diccionario de la Real Academia Española para delimitar mejor estos términos, encontramos lo que sigue:

Adherir (Del lat. adhaerēre).

3. intr. Convenir en un dictamen o partido y abrazarlo.

4. prnl. Der. (…) Sumarse al recurso formulado por otra parte.

El paciente, para que se pueda “adherir” a las indicaciones, debe “convenir en un dictamen y abrazarlo”, o “sumarse al recurso formulado por otra parte”.

Para el significado que hemos propuesto en este artículo, creemos que “adherir” nos indica una acción: “convenir y abrazarlo” o “sumarse”. Ambas acepciones expresan que se moviliza la voluntad por la que se actúa.

Veamos otro concepto:

Cumplir (Del lat. complēre).

1. tr. Ejecutar, llevar a efecto. Cumplir un deber, una orden, un encargo, un deseo, una promesa.

En cuanto a “cumplir” con las indicaciones, significaría “ejecutar, llevar a efecto”.

Para el significado que hemos propuesto en este artículo, creemos que “cumplir” nos indica solamente una acción: “ejecutar”. Esta acepción expresa que se moviliza la voluntad por la que se actúa.

Veamos otro concepto:

Incorporar (Del lat. incorporāre).

1. tr. Agregar, unir algo a otra cosa para que haga un todo con ella.

El paciente, para que pueda “incorporar” las indicaciones, debe “unir algo a otra cosa para que haga un todo con ella”.

Para el significado que hemos propuesto en este artículo, creemos que “incorporar” nos indica una acción: “unir algo a otra cosa”. Ambas acepciones expresan que se moviliza la voluntad por la que se actúa.

¿Por qué utilizamos el concepto “Asimilar”?

Con el fin de comprender en forma más satisfactoria la dimensión de la respuesta del paciente, hemos incluido el concepto de “asimilar” para esta condición.

Asimilar (Del lat. assimilāre).

3. tr. Comprender lo que se aprende, incorporarlo a los conocimientos previos.

En esta definición el paciente, para que pueda “asimilar” las indicaciones, debe “comprender lo que aprende, incorporando a los conocimientos previos”.

Para el significado que hemos propuesto en este artículo, creemos que “asimilar” nos indica no sólo una acción voluntaria: “incorporar”, sino también una acción razonada: “incorporar a los conocimientos previos”. En esta definición se expresa que se moviliza la voluntad por la que se actúa, pasándola previamente por el filtro de la razón.

Se ha elegido en este artículo el concepto de “asimilar las indicaciones”, porque este término indica que es todo el ser humano quien colabora. Se pone en acción en forma integral con su inteligencia, constituida a su vez por la razón y por la voluntad. Se comprende por lo tanto, la importancia que hemos dado a la elección de esta palabra. “Asimilar”, hacerlo propio para poder actuar con convicción, con sentimiento, con propósito, con intención, con deseos de hacer lo que le indican porque es bueno, porque es lo más conveniente para mejorar.

El desafío es lograr que el paciente “asimile”, haga propio, las indicaciones. Es evidente la importancia práctica de este tema en los pacientes diabéticos, porque no realizar lo que es  correcto tiene consecuencias nefastas para la evolución de esta enfermedad. A este respecto, debemos pensar cómo se conforma este proceso por el cual puede obtener tan preciado propósito.

“Asimilar” las indicaciones tiene un proceso.

Con el fin de entender mejor esta progresión, utilizaremos justamente los sinónimos anteriormente analizados: “adherir”, “cumplir”, “incorporar”, pasos que nos conducen en un plano inclinado a “asimilar” el tratamiento. Hacer propio algo que nos indica otro, es una tarea muy costosa por el cambio interior que supone y por las acciones consecuentes. Estas últimas seguramente son más difíciles de instrumentar porque conlleva aunar en un acto el deseo con la voluntad.

Si el paciente consigue realizar determinadas indicaciones, se alcanza el fin último de la terapéutica: la mejora de su enfermedad. Sin embargo, este logro es la última etapa de un proceso, en el que confluyen e interactúan muchas variables. Se podría identificar con sucesivos escalones que lo elevan a la meta, que en definitiva es lograr hacer propias las directivas con el fin de consumar el tratamiento.

Asimilar las indicaciones profesionales es trabajar en un plano que con frecuencia es “no consciente”, y en el que confluyen múltiples protagonistas. Nos proponemos intentar “disecar” los factores que conforman estas relaciones, con el fin de estudiar la manera de mejorarlas. Entre los actores principales se encuentran: por una parte el profesional y por otra el paciente. Ambos están rodeados por un cortejo de influencias que podrán facilitar o poner trabas a dicho proceso.

Sugerimos releer el citado artículo correspondiente a la publicación de Abril del presente año, donde hemos explorado con profundidad las intervenciones del profesional y del paciente en esa interrelación peculiar que los caracteriza. El aspecto que se analiza hoy es quizá el de mayor importancia en esta relación, porque tiene un alcance substancial. Nos referimos al logro de buenos resultados terapéuticos, consecuencia del correcto intercambio entre ambas partes. Si el paciente que consulta puede captar la importancia de su enfermedad y poner todos los medios para tratar de “corregirla”, se puede decir que uno y otro ha logrado la satisfacción del deber cumplido. Fundamentalmente, interesa en este momento evidenciar los pasos imprescindibles en este proceso.

Cortejo de influencias entre los dos protagonistas.

Preferimos considerar en primer lugar las “condiciones” que hacen del profesional un instrumento más apto. La forma de presentarse en el consultorio implica el buen aspecto personal, el correcto modo de expresarse, la claridad en las explicaciones, el ánimo de escuchar, la disposición para aclarar las dudas, el uso del tiempo que necesite, todo con una buena dosis de calidez de la que emana confianza.

De forma análoga, preferimos considerar que existen “condiciones” que hacen del paciente un instrumento más apto. La forma de presentarse en el consultorio implica el mejor aspecto personal y modo de expresarse, el ánimo de escuchar, la disposición para aclarar las dudas, utilizar el tiempo que necesite, todo con una buena dosis de calidez de la que emana confianza.

Ambas descripciones conservan explícitamente las mismas características. Son exigentes para el profesional, y -creemos que también pueden serlo- para el paciente según el ser de cada quien, porque el profesional se ha preparado para serlo no así el paciente. Sin embargo, para los dos existen realidades similares: es una comunicación interpersonal y en un ámbito profesional. Aquellas características serán la base de la confianza mutua: confianza hacia el profesional y confianza hacia el paciente, imprescindible para que pueda creer lo que le dice el técnico sobre su enfermedad, o para que el profesional pueda creer lo que le dice el paciente sobre la forma de hacer el tratamiento.

¿Cómo reacciona el paciente cuando desconfía del profesional? La desconfianza induce a la omisión: a la falta de escucha atenta a las indicaciones, a la falta de asistencia a la consulta. Asimismo, la desconfianza induce al cumplimiento (cumple-y-miento) de las indicaciones sin considerar los beneficios para la salud personal (no del profesional); también induce al cumplimiento de la asistencia a las consultas (quizá porque así contenta al familiar) sin considerar los beneficios para la salud personal (no del profesional). Es por ello que la confianza es un valor esencial que no debe perderse, es un tesoro que tenemos en la primera consulta y que podemos irlo malgastando según la calidad de nuestras acciones.

Consideramos relevante que el paciente reciba una explicación clara de su enfermedad, fundamentalmente para que entienda la importancia de valorar los cuidados saludables que debe observar. Toda información clara será agradecida por el paciente, tenemos la experiencia diaria.

No es fácil cambiar los hábitos que trae el paciente. En su construcción ha influido la cultura, las costumbres incorporadas en su familia de origen, el gusto y las preferencias que se forman desde la etapa del embarazo y la lactancia (!) hasta el presente, las costumbres que aparecen con posterioridad en el ciclo vital tales como las incorporadas por las condiciones laborales (horarios prolongados que facilitan tanto el sedentarismo como las comidas rápidas), las costumbres de la familia con o sin hijos, de las personas que viven solas o las costumbres de las personas de la tercera edad.

Decíamos que no es fácil cambiar los hábitos que trae el paciente, porque es la resultante de un delicado y difícil equilibrio, que tenemos que construir de forma permanente en la consulta diaria. Surge de un esfuerzo constante de parte del profesional, quien se convierte en un “pedagogo de la práctica clínica”. Surge de un esfuerzo constante de parte del paciente, quien se convierte en un “exitoso hacedor”. Tanto el uno como el otro salen enriquecidos de esta influencia recíproca, porque de lo que se trata es de integrar la reflexión al deseo por el cambio.

La consecuencia será la respuesta positiva del paciente a la terapéutica.

 



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