Diabetes al día

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Dra. Fabiana Villarnobo
¿Miedo al Odontólogo? Pautas para concretar el tratamiento.PDFImprimirE-mail
Escrito por Dra. Fabiana Villarnobo

 

¿Quién no conoce a alguien que tenga miedo de ir a una consulta odontológica o al menos no ha sentido ansiedad al concurrir a alguna de las citas con el odontólogo?

Si realizáramos una lista de generadores de miedo en las personas, sin duda, el odontólogo se encontraría entre los más nombrados. Este miedo, conspira contra el buen control de la salud bucal, que debe ser también un tema importante en la salud de la persona con Diabetes.

 

La aprehensión a la consulta odontológica es bien conocida. Muchas personas postergan su consulta hasta que el dolor no los deja dormir o comer y simplemente se automedican analgésicos prolongando una molestia hasta ser insostenible.

Estos pacientes comparten características como la ansiedad previa a la consulta o durante ella. Algunos duermen mal en los días previos, otros ya en la consulta se ponen tensos y les duele la cabeza o tienen sudoración, también están los que presentan una especie de temblor de la mandíbula. Pueden tener náuseas  e incluso llegar a vomitar en la consulta o sentir palpitaciones, la sintomatología es amplia. Otros, sin embargo, parecen muy tranquilos pero cambian continuamente las citas o concurriendo a ellas, postergan los procedimientos acudiendo a pretextos o exagerando los motivos.

Entre los relatos frecuentes están los viajes, la cercanía de exámenes, el tener que pedir permiso en el trabajo… Se debe intentar separar los pretextos de los verdaderos impedimentos ya que muchas veces los pacientes con miedo atribuyen consecuencias al tratamiento que no le corresponden como “mejor hoy no porque se me puede inflamar y tengo un casamiento mañana” de pronto ni se mencionó que esa fuera una consecuencia posible. Otro relato común es hoy no se puede hacer porque no pude hacerme la radiografía, con la esperanza de poder tener una causa probable para postergar un tratamiento. Si bien estos relatos pueden ser verdaderos, otras veces reflejan un gran miedo y un estado de ansiedad subyacente frente a una maniobra odontológica.

Todas las postergaciones mencionadas redundan en un deterioro importante de la salud bucal de estos pacientes. Los tratamientos se hacen eternos, se consumen materiales,  se invierte tiempo, se genera un gran stress en todos los involucrados y  un gran sentimiento de frustración por no lograr los cometidos.

En muchos casos la imposibilidad de concretar el tratamiento culmina con la falta de interés del odontólogo en que el paciente concurra a la consulta, catalogando al paciente como complicado y un tiempo perdido cuando este concurre desalentándolo  a que se realice algunos tratamientos hasta que el paciente abandona, y el odontólogo siente una suerte de alivio. Esto lleva también a que el paciente haga una especie de tour por diferentes consultorios cambiando frecuentemente de odontólogo en busca de ser comprendido y  poder resolver su situación.

En las bocas de estos pacientes, al revisarlas se encuentran por lo general  piezas dentales perdidas, piezas con indicación de extracción o caries profundas. Esta situación hace también que cada vez que el paciente busca ayuda en otro odontólogo, este tenga que lidiar con una boca de alguna manera problemática y que tenga que iniciar su labor con maniobras poco amigables y desalentadoras como son las extracciones. Es así que el paciente aprehensivo  cada vez que concurre a la consulta debe enfrentar este tipo de maniobra que refuerzan experiencias negativas en la consulta odontológica. La demora y postergación de los tratamientos, hace que estos sean más complicados e insuman más tiempo y dinero para su resolución.  Es frecuente encontrar que las restauraciones de estos pacientes no se encuentran en buen estado ni tampoco son de excelente calidad y muchas veces hay reparaciones de restauraciones como si fuera una boca “arreglada de apuro” y sin gran planificación.

De alguna manera podemos decir que el paciente entra en un círculo vicioso, difícil de romper.

¿Cómo se puede manejar esta situación? ¿Se puede alterar su desenlace sin que el paciente vaya perdiendo todas sus piezas?

Claro que sí, pero no es una tarea nada fácil, requiere paciencia y dedicación, empatía y vocación.

Lo primero es detectar que esto ocurre y no pensar simplemente que el paciente es despreocupado y que no le interesa su salud bucal. Ponerse en lugar de otro no es sencillo pero hay que intentarlo para comprender que siente e intentar ayudar.

En estos pacientes todo cuenta y hay que estar atento, previendo que concurrirán a la cita, todo debe estar dispuesto, más que para concretar el tratamiento,  enfocado hacia la superación del miedo del paciente. Es muy útil conversar con el paciente acerca de experiencias previas negativas en la consulta odontológica, comúnmente las presentan. Esto ayuda al odontólogo a enfocarse específicamente en las maniobras que causan aprehensión. En todo momento el  odontólogo debe mostrarse tranquilo y actuar en forma pausada, para ello debe comenzar la sesión con todo a su alcance evitando interrupciones innecesarias y poder concentrarse en las reacciones del paciente con lenguaje no hablado.

El personal auxiliar debe estar advertido acerca de la situación del paciente. Por lo general estos pacientes no ven bien la circulación del personal entrando y saliendo de la consulta y se sobresaltan con cada ruido. Lo mismo sucede con el cambio de personal y es preferible que se encuentre en la consulta un auxiliar que conozca y que inspire confianza y tranquilidad.

Se deben explicar pausadamente, sin ahondar en detalles, las maniobras que se van a realizar y hacer algunos comentarios acordes respecto a sensaciones normales que podrían sentirse en una maniobra o algún elemento que pueda generar una reacción inesperada en el paciente. Un ejemplo son las jeringas que se usan para irrigar con soluciones medicamentosas o líquidos de lavado como el suero, en estos pacientes al verlas pueden tener una reacción con sobresalto que rompa toda la atmósfera de seguridad y tranquilidad que queremos brindar ya que inmediatamente creen que van a ser pinchados. Por esto es importante investigar disimuladamente que es exactamente lo que genera aprehensión en el paciente. Otros pacientes no tienen problema con las agujas, pero sí  en lo relativo a ver sangre, por lo que se deben tomar las precauciones correspondientes.

Todos los detalles deben ser cuidados,  el lenguaje a utilizar también importa, por lo que se deben evitar comentarios entre el odontólogo y su asistente o hacia el paciente respecto a si se ve muy mal una lesión o si hay mucho sangrado, etc. Cualquier punto que genere ansiedad en el paciente puede hacer fracasar toda la consulta. Mientras se realizan las maniobras se debe ir adelantando someramente al paciente lo que se va a realizar, con que elementos y  mostrando algunos de ellos. También se debe advertir que en todo momento se está controlando el instrumento pero que es importante que permanezca tranquilo e inmóvil para que el odontólogo se concentre en la maniobra y evitar algún accidente. Se siente en el aire la tensión y el paciente permanece muy atento a todo ya sean ruidos, olores, conversaciones, por eso se debe ser suave en los movimientos y en la toma de los instrumentos así como al cerrar la puerta el personal o al tomar instrumental sobre todo metálico que puede ser muy ruidoso. La sesión debe ser corta y concreta, no se debe aspirar a prolongarla o a concretar más pasos de un tratamiento ya que puede perderse todo lo logrado. Estos pacientes salen de la consulta como si hubieran dado un gran examen, exhaustos. Durante la consulta se puede utilizar de fondo una música suave que ayude a lograr un buen clima y a calmar  al paciente y también se puede conversar sobre un tema que se sepa que al paciente le gusta. En otros casos se puede apelar a que en el punto clave en que el paciente puede sentir más tensión que invoque con el pensamiento recuerdos felices y que trate de concentrarse en  los aspectos y sensaciones de ese recuerdo que le causaron felicidad.

Para ayudar al éxito tampoco es conveniente demorar al paciente en la sala de espera porque  aumenta su ansiedad y puede arrepentirse de concretar la consulta.        También se encuentran predispuestos a ser influenciados por lo que escuchan y no es conveniente que crucen demasiada información con otros pacientes si no se está seguro de la información que van a intercambiar, porque  esta puede ser una influencia positiva o negativa.

Inmediatamente lograda la maniobra generadora de temor debe resaltarse el gran logro que es para el paciente, reforzando la experiencia para que sea un recuerdo positivo.

Si bien esta situación puede tomar de sorpresa al odontólogo atendiendo a un paciente que no conocía o haciendo una maniobra que el paciente no había experimentado, siempre se puede acudir a las pautas nombradas y estas son de gran utilidad en la atención de todos los pacientes, no solo en los temerosos. Sin embargo cuando es sabida la situación de un paciente en casos severos se puede recomendar la consulta al médico de cabecera explicando la situación para que este sugiera un ansiolítico suave adecuado al paciente que lo utilizara solo para el día de la atención odontológica. Cuando es necesario puede recomendarse que el paciente comience con la medicación desde el día anterior ya que es fundamental que el paciente concurra descansado para responder de la mejor manera a las maniobras y sobre todo cuando se trata de cirugías. La medicación,  más las pautas recomendadas pueden transformar una sesión fracasada y un mal momento, en un momento de superación que llena de satisfacción al odontólogo, al personal y por supuesto al paciente haciendo que ese día sea un refuerzo positivo para futuras atenciones.

Una vez lograda esta experiencia paulatinamente el paciente puede prescindir de  la medicación para concurrir al odontólogo y lograr la recuperación total de su salud bucal. Por lo general estos pacientes lo logran en aproximadamente 3 o 4 sesiones. En casos de aprehensión muy severa donde  se intenta utilizar estas pautas sin buenos resultados, se impone la búsqueda de apoyo psicológico profesional para poder sortear esta situación.

Si el paciente sufre además patologías sistémicas crónicas como la Diabetes, debe solucionar prontamente esta situación y no postergar la atención odontológica ya que de por sí su salud bucal es delicada, y las complicaciones  son más frecuentes y de mayor importancia que en otros pacientes, con mayor riesgo de infección y de alteraciones de la cicatrización.

Saber que se ha sido parte de un cambio tan importante en una persona, que se ha ayudado, realmente es una satisfacción que desafía cualquier descripción y se logra una relación odontólogo-paciente muy buena y duradera. Estos pacientes una vez superado su temor son deseosos de tratamiento y muy colaboradores.

 



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