Diabetes al día

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Dra. Cristina Ferrand
El Envejecimiento Saludable.PDFImprimirE-mail
Escrito por Dra. Cristina Ferrand

Envejecimiento Saludable: la clave está en la actitud.

Envejecer es sin duda una aspiración personal para la mayoría de los individuos, además de una realidad sociodemográfica que en nuestro país representa a más del 15 % de la población. Parafraseando a Maurice Chevalier podemos al menos asegurar que “envejecer no es tan malo si se piensa en la alternativa”.

Pero ¿Qué se entiende por “envejecimiento”?
Son los cambios presentes en todos los individuos que envejecen, y que aumentan en magnitud con la edad, los que representan al envejecimiento per se. Estos cambios llevan a una disminución de la reserva funcional, lo que determina una respuesta anormal ante situaciones de stress físico, emocional o ambiental.

¿Por qué se producen estos cambios?
La genética (herencia) explica solo 35 % de la variabilidad en la longevidad de los individuos. La longevidad depende en más del 65 % de factores ambientales (estilo de vida, hábitos, stress, etc.). 
El Estudio Sueco (Hagberg) mostró la existencia de la interacción de factores psicofisiológicos en la longevidad. Los individuos centenarios logran mejor manejo del stress. Son gente calmada, no ansiosa, capaces, que además comen y hacen ejercicio con moderación.



¿Qué importancia tiene la diabetes en el anciano?

La diabetes es extremadamente frecuente en el anciano. Su incidencia, como ocurre en otras muchas enfermedades, aumenta con al edad. Se estima que por encima de los 75 años el 20 % de la población es diabética. Además, muchos de estos ancianos afectados desconocen en un momento dado que tienen la enfermedad.



La importancia de la diabetes en los ancianos radica en las complicaciones asociadas a la enfermedad, semejantes a la de los adultos más jóvenes. La diabetes es la sexta causa de muerte en los ancianos, pero además tiene una contribución importante a la mortalidad cardiovascular, a la que contribuye. Se sabe que los ancianos diabéticos mueren por causa cardiovascular dos veces más que los ancianos no diabéticos, y esto se ve incrementado al asociarse a la presencia de diabetes otros factores de riesgo vascular como hipertensión arterial y obesidad.

Cuanto peor es el control de la glucemia más aumenta esta mortalidad cardiovascular. Se ha visto además que los ancianos diabéticos tienen mayor incidencia de alteraciones mentales como deterioro cognitivo y depresión. Por último, y no menos importante, la presencia de diabetes es un predictor de presencia de deterioro funcional en los ancianos. El 28 % de los ancianos diabéticos necesitarán ayuda para cumplimentar las actividades básicas de la vida diaria frente a un 16 % de los no diabéticos.

¿Cómo y cuándo se diagnostica la diabetes en el anciano?
Así como en los jóvenes es frecuente la presencia de la clínica típica de la diabetes, poliuria, polidipsia, polifagia, en los ancianos esta clínica es muy rara debido a modificaciones renales y a que sus mecanismos de la sed están impedidos. Suele ser, por tanto, asintomática en su comienzo y detectarse la elevación de la glucemia en un examen de salud de rutina. Es cada vez más frecuente el diagnóstico en el seno de los programas de atención a la patología cardiovascular, al realizar control analítico a personas con otros factores de riesgo, sobre todo hipertensión arterial, dislipemia y obesidad.

En ocasiones el anciano tiene síntomas inespecíficos como cansancio, incontinencia urinaria o confusión mental. A veces el diagnóstico se hace cuando el paciente es ingresado en un hospital con una complicación grave de la diabetes como puede ser un accidente cerebro vascular o un infarto de miocardio.


¿Qué podemos hacer para lograr una mejor calidad de vida en el anciano con diabetes?
En los pacientes ancianos los esfuerzos encaminados a mantener los niveles de glucemia, y por ende el control metabólico, en cifras lo más cercanas posibles a la normalidad pasan en ocasiones a un lugar secundario.
Desde una perspectiva holística, el tratamiento de la diabetes deberá ser individualizado, encarando a la persona como un todo bio-psico-social.

De esta forma, a la edad, presencia de otras enfermedades y expectativa de vida del sujeto, le sumaremos su personalidad, actitudes, conductas y sentimientos sobre su estado de salud. Consideraremos asimismo sus costumbres, mitos y creencias, si vive solo o no y deberemos medir su capacidad funcional al inicio del tratamiento y en su evolución.
De la sabia conjunción de estos elementos surgirá el tratamiento más adecuado para cada paciente, aquel que le siente como “un traje hecho a medida”.



Queda claro entonces que los objetivos de tratamiento en el adulto mayor con diabetes deberán ser pactados entre el equipo de salud y el paciente o sus cuidadores.
El lograr un envejecimiento saludable, que mantenga su calidad de vida, dependerá del compromiso personal del diabético y el arte del médico en establecer un plan de actuación acorde. Esto será posible solamente si ambos tienen en mente un fin común: prevenir.

Prevenir implica la  “puesta  en  práctica  de  aquellos elementos  relacionados  con  el  estilo  de  vida,  el  control  del  medio  ambiente,  y  el  cuidado  de  la  salud  para  maximizar  la  longevidad  con  la   mejor   calidad   de  vida   posible,   a   nivel  individual   y  colectivo” (Hazzard).

Recomendaciones.

Control metabólico en el paciente anciano.

En cuanto al control metabólico, en los pacientes diagnosticados previamente a los 65 años y que sobrepasan esta edad, debe seguir intentándose un control similar al pretendido antes de llegar a esa edad pero tratando de alejarse de las cifras de hipoglucemia, por lo que se elevan algo las cifras ideales de glucemia. En los diabéticos diagnosticados después de los 65 años se suprimen las cifras de control ideal y se elevan las referencias de control aceptable y malo.

 

 

Ideal

Aceptable

Malo

Diagnostico después de los 65 años

Glucemia en ayunas

 

125-200

>200

Glucemia 2 h. postprandial

 

125-200

>200

HbA1c

<6.5

6.5-10

>10

BMI

 

26-28%

 

Colesterol

 

<200

 

T.A sistólica (mm Hg)

 

< 140

 

T.A diastólica (mm Hg)

< 90

 

Dieta.
La capacidad de modificar hábitos arraigados a lo largo de su vida será importantísima para lograr nuestros fines. La paciencia y perseverancia en la educación nutricional y la ayuda de los cuidadores puede ser decisiva. Sin embargo el acceso a los alimentos más adecuados está limitado en ocasiones por factores económicos o funcionales (dificultad en la preparación en caso de artrosis o alteraciones neurológicas). Además, muchos tienen alteraciones gustatorias, olfatorias o visuales, que puede dificultarles la preparación de los alimentos.

Como regla básica suele bastar con evitar los azucares simples, que por su absorción rápida producen hiperglucemias bruscas, restringir las grasas animales ricas en ácidos grasos saturados y aconsejar un adecuado aporte de fibra vegetal. Es importante el reparto en 5 tomas al día (desayuno, media mañana, comida, merienda y cena).

Debemos hacer hincapié en utilizar una alimentación variada, aconsejando evitar las dietas monótonas que frecuentemente realizan los ancianos por motivos físicos, familiares o sociales y que suelen conducir a hipoglucemias, carencias vitamínicas y minerales.

Ejercicio físico.
Aconsejamos un ejercicio físico regular y adaptado a las posibilidades de cada paciente. El ejercicio físico incide en el control, no solo de la tolerancia hidrocarbonada sino en otros factores de riesgo cardiovascular como la dislipemia y la hipertensión arterial, disminuyendo por otra parte la pérdida de masa ósea y muscular, mejora la circulación venosa en MMII y permite mantener el mayor tiempo posible el grado de autonomía suficiente, incrementando la sensación de bienestar físico y psíquico.

La intensidad del ejercicio debe estar en relación con las condiciones físicas del paciente. Dada la alta incidencia de cardiopatía isquémica clínicamente silenciosa en la población diabética de edad avanzada, deben desaconsejarse ejercicios intensos, o realizar pruebas de esfuerzo y entrenamiento progresivo bajo supervisión cuidadosa.

Factores de riesgo de hipoglucemias.
Los efectos indeseables más frecuentes en el tratamiento de la diabetes en el anciano son las hipoglucemias.

La hipoglucemia en el anciano, aún sin llegar al estado de coma hipoglucémico, puede acarrear consecuencias graves tanto cardiovasculares como cerebrovasculares. En este sentido es esencial tener en cuenta que podemos considerar hipoglucemias no sólo las cifras bajas de glucemia plasmática, sino también el descenso rápido de glucemias de niveles altos a niveles habitualmente considerados normales. Aunque pueden existir otras causas, la inmensa mayoría de las hipoglucemias en el anciano están ligadas a la utilización de hipoglucemiantes orales.

Hoy en día contamos con un arsenal terapéutico que nos permite contar con una gama amplia de opciones medicamentosas. El médico siempre deberá tener en cuenta la utilización de drogas que nos alejen del peligro de una hipoglicemia iatrogénica.

Conclusiones.
La forma de lograr un envejecimiento más saludable es mantener la capacidad de adaptarse a los cambios. Desde este punto de vista no importa el número de enfermedades que se tenga sino como se “conviva” con ellas; cómo repercuten en la autonomía y calidad de vida.

Mantenerse informado y ser parte activa de los tratamientos que se le proponen le permitirá involucrarse en la prevención de nuevas discapacidades. Recuerde que la palabra básica siempre es prevención, ya que la elección de estilos de vida saludables modifica positivamente el envejecimiento. De como vivamos va a depender como vamos a envejecer.

“Si hubiera sabido que iba a vivir tantos años me habría cuidado mejor”.
E.  Blake  (Músico de Jazz en su cien cumpleaños. Murió a los 104 años)

“Más importante que añadir más años a la vida es dar más vida a los años”.




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