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Dr. Carlos Russo
La Masturbación: ¿buena o mala?PDFImprimirE-mail
Escrito por Dr. Carlos Russo

La masturbación da el nombre al autoerotismo independientemente de que a través de ella, se llegue o no al orgasmo. Es el acto de autoestimularse en búsqueda del placer.
Por definición, es el estimulo que uno hace de sus propias zonas erógenas y no cuando otra persona  realiza ese estimulo sobre nuestras zonas erógenas.
Habitualmente, la masturbación es ayudada por la fantasía erótica, por fotografías, películas eróticas o pornográficas y en la actualidad, se practica mucho a través de internet con el complemento de que dos personas alejadas quizás por miles de kilómetros de distancia y mediante las cámaras web, busquen el placer de masturbarse viendo a la otra persona en su monitor.
No se puede decir ni demostrar que el 100 % de las personas se masturben, pero la misma es altamente frecuente y sobre todo en los individuos más jóvenes donde la sexualidad propia se está descubriendo.
Hay situaciones en las cuales una persona privada de la posibilidad de entablar una relación con otra, se masturbe como forma instintiva de descargar su excitación. Eso se puede ver en las cárceles, en las personas embarcadas por largos meses y en otras situaciones similares.
Históricamente, la masturbación se consideraba un pecado a los ojos de Dios. La Biblia misma, sin condenar este acto, lo menciona a través de la historia de Onan, el cual, cumpliendo la ley del Levirato debió fornicar con su cuñada a la muerte de su hermano. Pero Onan, respetando la memoria de su hermano, vertió su semen en la tierra y no donde debía, esto es, la vagina de su cuñada. Dios lo castigó, pero no por masturbarse -como hoy siguen pensando muchos religiosos-, sino por no cumplir con la ley. La cuestión es que a la masturbación, aun hoy se la conoce como Onanismo, en honor del pobre Onan. Quien además inventó el coitus interruptus.
Muchas religiones siguen pensando hoy en pleno siglo 21, que la masturbación es un pecado y que merece la condena eterna. Si así fuera, y conociendo los porcentajes de personas que se masturban, el Paraíso seria un privilegio para los mancos bilaterales.
Algunos libros médicos de los años 20 o 30 del siglo 20, consideraban a la masturbación una enfermedad que se debía y se podía curar. Las victimas por supuesto eran los niños. Se los hacía dormir entre sabanas mojadas para bajar los malos deseos o se les ponían pijamas con mangas muy largas atadas a la cabecera de la cama o a la espalda para que no alcanzaran sus genitales. Algunas fotografías antiguas muestran unas especies de jaulas que se les colocaba sobre los órganos sexuales  atadas a la zona lumbar. También se recomendaba que los acostaran tarde y los despertaran temprano para que el sueño extremo evitara estos actos del demonio.
Desde una óptica estrictamente científica, debemos plantearnos cuando es buena y cuando es mala la masturbación.
Buena es cuando permite el desarrollo psicosexual del niño, cuando permite la identificación del cuerpo, cuando, como mencionamos más arriba, no existe la posibilidad de una pareja, o cuando la recomendamos en varones con disfunción eréctil de causa vascular dado que el ejercicio masturbatorio que no implica necesariamente la eyaculación, estimula el sistema arterial como cualquier otro tipo de gimnasia.
Mala es cuando, teniendo la posibilidad de mantener relaciones sexuales, se prefiera la masturbación o cuando esta se realiza en forma excesiva y a veces compulsiva. Hemos visto pacientes que, por ejecutar el acto masturbatorio, abandonan otras actividades comprometiendo también su trabajo al hacerlo.
Muchas veces se me pregunta, cuántas veces es bueno y cuántas veces es malo. Todo es relativo a la situación en la que la persona se encuentre. No podemos hablar de números. Limitémonos a comprender cuándo es mala, y todo lo demás será bueno.
Una pregunta obligada a la hora de confeccionar una historia clínica médico sexológica es si se logra o no una erección mediante la masturbación. Si bien la pregunta tiene un carácter científico, muchos pacientes tratan de ocultar que lo hacen.
El tabú masturbatorio sigue existiendo en nuestra sociedad mucho más de lo que podemos pensar. Por ello cuando lo recomendamos tenemos que respetar a cada individuo y no hacer uso de esta herramienta sexoló
gica indiscriminadamente.



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