Diabetes al día

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Dra. Susana Duce
El Sindrome de Piernas Inquietas.PDFImprimirE-mail
Escrito por Dra. Susana Duce

El Sindrome de piernas inquietas (restless legs syndrome).

El sindrome de piernas inquietas (SPI) fue descrito por primera vez en 1685 por Sir Thomas Willys. Durante el siglo XIX se consideró que era una forma de histeria o neurastenia. En 1923, Oppenheim define al sindrome como un trastorno neurológico y reconoció en él un componente genético. Bonduelle lo denomina como parestesia agitante nocturna de miembros inferiores, ya que el ritmo vespertino y nocturno de las parestesias, así como las circunstancias de aparición (en decúbito horizontal) son particularidades esenciales del mismo.

¿Cuál es el porcentaje de personas que padece este síndrome?
Se estima que el SPI afecta entre un 2,5 y un 29% de la población. Su frecuencia aumenta con la edad y predomina en el sexo femenino.

¿Qué provoca en la persona?
En la clasificación internacional de los trastornos del sueño se incluye dentro de las disomnias, o sea afecciones que producen somnolencia diurna excesiva y dificultad para iniciar y/o mantener el sueño (el 70% de los pacientes padece insomnio crónico).

Los criterios diagnósticos propuestos por el International Restless Legs Syndrome Study Group son cuatro: necesidad de mover las extremidades inferiores, asociada con frecuencia a fenómenos sensitivos; la inquietud motora; el agravamiento durante el reposo y el alivio transitorio con la actividad y, por último, el agravamiento durante la tarde o la noche.

¿Qué tipo de afección es?
El SPI es una afección crónica con tendencia a la progresividad y se presenta casi siempre por la noche antes de dormir, aunque también puede interrumpir el sueño una vez iniciado y aún durante el día. El paciente siente una necesidad imperiosa de mover las piernas y caminar, asociada a parestesias y malestares indefinidos de los miembros inferiores. En la cama suelen reconocer que sus piernas adquieren autonomía y se les mueven solas. El sueño, a veces, es difícil de conciliar por varias horas y otras, fragmentado con múltiples despertares a lo largo de la noche.

¿Cuáles son los síntomas que siente la persona?
Las parestesias son definidas como una sensación desagradable: pinchazos, sensación de ardor o quemazón, dolor o calambres, a veces una sensación inexplicable. Se sienten a nivel de las piernas, respetan los pies y raramente afectan los miembros superiores, manos y antebrazos. Son percibidas como profundas a nivel de los músculos y de los tendones. Es un hecho destacable que las parestesias incitan al movimiento, el cual las hace desaparecer en unos instantes.

Resulta una agitación motriz brusca, desordenada, voluntaria o subconsciente, sin existir una postura antálgica (que calme el síntoma).

¿Estos movimientos que tiene la persona son voluntarios?
Estos movimientos son involuntarios, desde el momento que el paciente manifiesta una compulsión por realizarlos, pero a la vez son voluntarios, ya que el individuo determina cuál es el movimiento que realizará: levantarse, caminar algunos pasos, frotarse las piernas y volver a acostarse.

El ritmo es vespertino y nocturno y los trastornos sólo aparecen al estar sentados (por ejemplo viajes en tren o avión) o acostados. En ciertos casos, el frío o el calor favorecen los accesos, cuya repetición es variable por períodos más o menos largos o espaciados. Los pacientes suelen manifestar síntomas de ansiedad y depresión, teniendo una alteración marcada en las actividades de su vida diaria. El examen clínico crítico o intercrítico es siempre normal. Los exámenes de laboratorio son útiles para poner en evidencia algunas afecciones asociadas que requerirán un tratamiento específico; por ejemplo, el electromiograma y las velocidades de conducción sensitiva y motora documentan la presencia de una neuropatía.

¿Cúal es la etiopatogenia? ¿Puede ser hereditario?
El SPI puede ser primario o secundario. Las formas primarias son aquellas en las que no se encuentra una causa o asociación, siendo normales los exámenes complementarios y el examen físico. Dentro de estos casos, un tercio son hereditarios, con un patrón de herencia autosómica dominante, con fenómeno de anticipación genética (tendencia en cada generación a presentar los síntomas a una edad cada vez más temprana).

Las formas secundarias se pueden deber a enfermedades sistémicas o neurológicas. Una asociación frecuente es la uremia: entre un 20 y un 52% de los pacientes con falla renal en diálisis ha presentado SPI. Otras asociaciones son: la anemia por déficit vitamínico, diabetes, enfermedad pulmonar o gástrica, carcinomas y estrés.

La causa neurológica más habitual es la neuropatía periférica: está presente en el 50% de los pacientes con SPI. Otras asociaciones son: la enfermedad de Parkinson, Corea de Huntington, ELA, síndrome de Gilles de la Tourette.

La fisiopatología se desconoce. La neuropatía asociada sugiere origen periférico, mientras que el ritmo circadiano de los movimientos y la periodicidad de los mismos durante el sueño sugieren una organización en niveles superiores del sistema nervioso. Análisis funcionales por resonancia nuclear magnética (RNM) sugieren que los núcleos rojos y el tronco cerebral son los generadores de los movimientos anormales. La mejoría sintomática con agonistas dopaminérgicos (Levodopa asociada con carbidopa o benserazida, Bromocriptina, Pramipexol) y opioides (Propoxifeno, Codeína, Metadona, Morfina), así como el agravamiento con antagonistas, sugieren una disfunción de estos sistemas. En este sentido, se han realizado estudios que han demostrado que las manifestaciones clínicas coinciden con el nivel plasmático más bajo de dopamina.

¿Hay patologías parecidas o enfermedades o síntomas similares  que puedan confundirse con este síndrome?
Sí, lo diagnósticos diferenciales serían:

1. Acatisia: es una sensación de inquietud motora, aliviada con movimientos voluntarios, por ejemplo, caminar sobre el lugar. Se asocia a tratamiento con neurolépticos en forma crónica y no hay agravación en el transcurso del día ni síntomas sensitivos.

2. Mioclonias hipnagógicas: sacudidas de los miembros que se presentan durante la transición de la vigilia al sueño, despertando al paciente en forma brusca.

3. Polineuropatía de miembros inferiores: en un 50% de los pacientes se asocian ambas entidades, sobre todo en diabéticos e insuficientes renales.

¿Cuál es el tratamiento del Síndrome de Piernas Inquietas?

Es  famacológico y no farmacológico.

a) Farmacológico
Los tratamientos son paliativos, en la medida en que no se ha definido claramente la fisiopatología y no se conoce la etiología.

La Levodopa asociada a carbidopa o benserazida a baja dosis (250 mg.), administrada en la noche, ha sido efectiva en algunos casos. Sin embargo, es común el “efecto rebote” (los síntomas se manifiestan más tarde durante la noche).

Con las presentaciones de liberación controlada, este efecto se pondría de manifiesto durante las primeras horas de la mañana.

De las Benzodiazepinas, la más utilizada y efectiva es el Clonazepán, aunque también se puede usar Nitrazepán, Alprazolam y Diazepán.

b) No Farmacológico
La higiene del sueño y la actividad física mejorarían la sintomatología.

Deben evitarse fármacos o comidas que puedan agravar el SPI (antidepresivos  inhibidores de la recaptación de serotonina, IRSN).

Es importante  que las personas con diabetes que sufran un trastorno del sueño  por in-quietud de las piernas  consulten  al  médico tratante, el evaluará la asociación o no de ambas patologías (polineuropatía – síndrome de piernas inquietas).



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