Diabetes al día

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Dra. Virginia García
Crecimiento y desarrollo de un niño con Diabetes Tipo 1.PDFImprimirE-mail
Escrito por Dra. Virginia García

-¿Que elementos se deben considerar?
El desarrollo de un niño está condicionado por factores genéticos y factores ambientales. Los genéticos tienen que ver con la potencialidad de crecimiento que está determinada por la herencia, es decir, por las características de los padres. Lo que se utiliza, dentro de los parámetros para medir el potencial genético, está la Talla blanco, que se calcula en base a la talla de ambos padres. Los factores ambientales que influyen el crecimiento y desarrollo de un niño son variados, teniendo un lugar destacado la alimentación.

En relación a cómo influye la diabetes tipo 1 en el normal desarrollo de un niño, las interferencias tienen que ver fundamentalmente con el mal control de la enfermedad, así como con la posibilidad de asociación de otras patologías. En otros tiempos, raramente ahora, se veía enanismo vinculado a la diabetes, o el llamado síndrome de Mauriac, caracterizado por baja talla, obesidad con abdomen prominente vinculado a depósitos de glucógeno excesivos a nivel hepático, y retraso puberal. Esto se veía en niños hipo insulinizados, o sea con dosis muy bajas de insulina en relación a los requerimientos, que permitían la sobrevida pero con una muy mala calidad de vida y un crecimiento y desarrollo deficitarios.

Hoy en día son raras estas situaciones, pero si es común observar enlentecimiento en el ritmo de crecimiento pondo estatural relacionadas con períodos de mal control metabólico.

-¿Qué pasa cuando llega a la adolescencia un diabético tipo 1 que viene con buen control metabólico?

-Hay dos circunstancias que favorecen que se generen períodos de mal control metabólico: la presencia de hipoglucemias severas que generan temor a su reiteración y llevan a disminuir en exceso las dosis de insulina, y la etapa de la adolescencia que genera una resistencia fisiológica a la insulina, aumentando sus requerimientos hasta 1,7 o 2 unidades de insulina por kilo peso por día. A esto último se suma la rebeldía propia de la adolescencia que lleva a resistirse al automonitoreo frecuente, de no menos de tres glucemias capilares diarias.

En los controles rutinarios de un niño diabético se evalúan el peso, la talla, el índice de masa corporal y el estadío puberal, que se relacionan con las correpondientes tablas.

-¿Qué otras enfermedades pueden tener influencia en el crecimiento y desarrollo de un niño diabético?

La diabetes tipo 1 puede asociarse con otras enfermedades también autoinmunes como la enfermedad tiroidea autoinmune y la enfermedad celíaca.

-¿Cómo podemos saber?

-La presencia de anticuerpos antitiroideos puede estar presente hasta en un 20 % de los niños diabéticos, acompañado o no de hipotiroidismo subclínico. Para detectarlo se debe determinar anualmente la dosificación de anticuerpos y el perfil tiroide (T4L y TSH) además del examen clínico de la tiroides.

Otra enfermedad autoinmune que se puede asociar entre un 4,6 y 8 % de los niños diabéticos es la enfermedad celíaca, que se caracteriza por la intolerancia al gluten, es decir a las harinas de trigo, avena, cebada y centeno. Cuando es clínicamente evidente, se manifiesta por diarrea con materias grasas que flotan en el agua, pero es más frecuente que no tenga manifestaciones clínicas tan claras. De ahí la necesidad de realizar cada dos o tres años la determinación de anticuerpos anti transglutaminasa, antigliadina y antiendomisio. Si estos marcadores son positivos, se completa el diagnóstico con la biopsia de duodeno que muestra aplanamiento de las vellosidades que normalmente tiene la mucosa intestinal.

La asociación de enfermedad celíaca con diabetes complica bastante la alimentación, en cambio la asociación de hipotiroidismo se resuelve más fácilmente con la terapia sustitutiva con hormona tiroidea.

-Para finalizar: ¿qué deben tener en cuenta los padres de un niño con diabetes a la hora de pedir rutinas o estudios?
-En relación con el control del crecimiento y de la calidad del control metabólico del niño diabético, además los controles clínicos que deben incluir, como peso, talla, controles de glucemia capilar, el automonitoreo. En cuanto a los exámenes de laboratorio trimestrales o cuatrimestrales, la hemoglobina glicosilada, que nos pone en la pista de la calidad del control metabólico, y en cuanto a la posibilidad de enfermedades asociadas, el control de la función tiroidea y la presencia o no de anticuerpos en forma anual.

Con respecto a la posibilidad de enfermedades asociadas, cada 2 o 3 años la búsqueda de anticuerpos que nos puedan poner en la pista de enfermedad celíaca, y después todos los estudios que básicamente se hacen vigilando la eventualidad de aparición de complicaciones como son la microalbuminuria, el fondo de ojo, que son exámenes más incorporados a las rutinas, y cuando hay dudas en cuanto al crecimiento y desarrollo ayuda también la determinación de la edad ósea que nos aporta un elemento más sobre la situación del desarrollo de los huesos en el caso de ese niño.

Los  primero estudios, los de búsqueda del hipotiroidismo o de la presencia de anticuerpos antitiroideos se deberían hacer como rutina anual, y cada 2 o 3 años la búsqueda de enfermedad celíaca. Los demás son adaptados a cada situación puntual, determinaciones hormonales que se pueden hacer, como la hormona del crecimiento, la TSH, o con el resto de las hormonas que tienen que ver con el crecimiento en cada caso en particular.



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