Diabetes al día

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Dr. Diego Camacho
Las Cataratas.PDFImprimirE-mail
Escrito por Dr. Diego Camacho

-Hagamos una definición de lo que es una catarata..
-Una catarata es la opacidad del cristalino. El cristalino es un lente que tenemos adentro del ojo con un poder de aumento, un poder dióptrico muy grande: de doce dioptrías más o menos. Este lente se vuelve opaco, entonces opacidad del cristalino es sinónimo de cataratas. No siempre le decimos al paciente que tiene una catarata. Sólo cuando esta opacidad disminuye la visión o esta produciendo algún problema como deslumbramientos, entonces ahí se lo comunicamos. Si existe una pequeña opacidad periférica del cristalino o una pequeña opacidad en alguna de las capas que no produce disminución de visión, no preocupamos al paciente diciéndole que tiene técnicamente una catarata pero que no está produciendo ningún síntoma relevante.



-¿Cómo relacionamos las cataratas con los pacientes diabéticos?
-En realidad existe una verdadera catarata diabética que se produce por un trastorno del metabolismo. Se producen una serie de reacciones químicas dentro del cristalino y esta catarata específica del diabético es conocida como “tormenta de nieve” o “catarata en copos de nieve”, porque se ven en el cristalino, utilizando un microscopio, una serie de pequeños puntitos blancos. Esta catarata es rara. Se ve en diabéticos jóvenes, principalmente insulino dependientes, y comienza sin producir disminución de visión y con el tiempo la va produciendo, y allí es donde tenemos que tomar actitudes terapéuticas.

Por otro lado, en el diabético puede producirse una catarata exactamente igual a la del adulto mayor, con la característica de que puede ser de aparición más precoz y  algo más frecuente que en la población no diabética.

La catarata en el diabético no se puede prevenir (igual que las cataratas de cualquier tipo). Como todas las complicaciones que involucra la diabetes, cuanto mejor sea su control metabólico, tanto mejor será su calidad de vida y menores las posibilidades de desarrollar complicaciones. Pero debemos tener en cuenta que aunque tenga una glicemia normal, a veces no se puede evitar la aparición de retinopatía, y en el caso de la catarata es lo mismo: no se puede prevenir, y una vez que aparece, aunque sea muy chiquita, va a seguir avanzando independientemente de todos los cuidados. Nosotros siempre decimos que el régimen higiénico-dietético, acompañado o no de tratamiento médico es deseable no solo por la catarata sino por todo el organismo.

-Hablemos de los síntomas específicos de catarata en los pacientes diabéticos.

-Estos síntomas son iguales a los de cualquier catarata, es decir, fundamentalmente lo que las personas perciben es que tienen una disminución de la visión, pero a la vez se pueden producir síntomas previos a esa disminución, como por ejemplo la disminución de la sensibilidad de contraste. Ponemos un ejemplo: el paciente viene a la consulta y dice que le parece que ve bien, pero cuando está encandilado por las luces de un auto que viene en sentido contrario, no logra ver bien. El mejor ejemplo es que si  el paciente portador de una catarata está mirando un puente de color gris, y sobre ese puente viaja un auto de color gris, y el sol le da al paciente de frente, es probable que no vea el auto, porque no distingue el contraste entre el auto y el puente. Si el auto fuera rojo por ejemplo, lo vería muy bien.

Otro síntoma es el encandilamiento. Se encandilan muy fácilmente porque cuando la luz entra al ojo, en lugar de entrar directamente por un órgano transparente como es el cristalino, entra y se encuentra con opacidades que la refractan para todos lados. Ponemos como ejemplo cuando uno maneja con el parabrisas del auto sucio. Si viene una luz de atrás no nos damos cuenta de nada. Pero si esa misma luz viene de frente, vemos muy mal, al punto que tenemos que limpiar el parabrisas para poder ver en forma nítida. En el caso del portador de cataratas sucede algo similar, con la diferencia que en ese momento no tiene forma de solucionarlo.

El síntoma final es la disminución de la visión. Hay gente que se va acostumbrando a ver mal. A veces nos encontramos con pacientes que tienen cataratas enormes, con enorme disminución de visión, y han adaptado su vida a esto. Es imposible de prever cuánto tiempo de evolución puede pasar para llegar a esas situaciones. Es independiente en cada persona, hay gente que demora años y hay gente que llega a eso en pocos meses.

-¿Cuál es la solución para la catarata?

-Cuando la persona –y más un diabético- tiene trastornos visuales del tipo que sea, debe consultar con el oftalmólogo, porque pueden estar ocurriendo muchas cosas distintas. Sabemos que una hiperglicemia, por ejemplo, produce una miopización transitoria del ojo. Podemos estar en presencia  también de una retinopatía diabética, o finalmente también puede ser una catarata. Una vez diagnosticada la catarata, si está disminuyendo la calidad de vida de esa persona, la única solución es quirúrgica.

Nosotros tenemos como norma no inducir a la operación, salvo que el paciente manifieste que se siente mal con su visión y que tiene la necesidad de cambiar esa situación. En este momento creo importantísimo destacar que han cambiado enormemente las indicaciones y la oportunidad quirúrgica de una cirugía de cataratas. Yo nací y crecí oftalmológicamente diciendo que hay que esperar que “maduren” las cataratas, y eso era así, porque las técnicas que había para operar suponían peligros para el ojo. Es más, estaba protocolizado: generalmente, -para no entrar en tecnicismos- se operaba cuando el paciente no veía nada. Ahí era el momento de operar. Entonces se pasaba una cantidad de años con una calidad de vida mala, hasta que decidíamos operarlo. Hoy en día las técnicas han cambiado enormemente con el advenimiento del ultrasonido. Nosotros indicamos muy precozmente la cirugía porque necesitamos que la catarata no “madure”, exactamente al revés de lo que era antes. Necesitamos una catarata que no sea muy dura, porque sino tenemos que usar mucho ultrasonido y puede llegar a ser contraproducente para el ojo.

Esta técnica que mencionamos tiene mucho menos riesgos que las técnicas anteriores, y entonces podemos decirle a un paciente que ve cuatro o cinco filas del cartel de optotipos: “mire, opérese porque va realmente a mejorar”. Antes, con esa misma visión ni soñábamos con operar. La gente le llama “láser” al ultrasonido cuando se trata de una cirugía de cataratas, pero debemos aclarar que esta cirugía no se realiza con LASER. Puede ser que un médico, en forma rápida, por no explicarle al paciente le diga “sí, le vamos a hacer láser”, pero repetimos, -y esto es muy importante-, el láser es para la retinopatía diabética y para muchas cosas más dentro de la oftalmología. No para las cataratas. Para operar una catarata usamos la facomulsifación o ultrasonido. Es una técnica que consiste en hacer un pequeño orificio valvulado, introducir por ese orificio el facoemulsificador hasta llegar al cristalino. Allí “destruimos” y aspiramos la catarata, dejando en su lugar la cápsula del cristalino. Dentro de esa verdadera bolsa se coloca una lentilla de última generación que entra plegada por el mismo  agujerito inicial y al llegar a la bolsa se despliega. Y allí se acabó la operación. No hay que poner puntos. Es cirugía totalmente ambulatoria. El paciente entra y sale caminando. El resultado se ve a las 24 o 48 horas a lo sumo. Esto tiene dos ventajas enormes: en primer lugar la recuperación post operatoria es muy rápida y cómoda y en segundo lugar, la calidad de la visión es óptima. Es distinto de la técnica anterior, que era muy buena pero había que hacer una herida, sacar la catarata, colocar la lentilla y poner puntos.  En un 75 % de los casos estos puntos producen astigmatismo, y había que poner un lente para corregir ese otro problema, cosa que ahora no pasa. Con la técnica de ultrasonido nosotros no inducimos astigmatismo, y esto ya es una gran ventaja. Por lo tanto, en este momento no hay protocolo como antes, para decidir cuándo el paciente se tiene que operar. Surge naturalmente de la conversación entre el médico y paciente. Al darle la mano y preguntarle cómo se siente nos dice “me siento mal, haga algo pronto” y allí indicamos la cirugía.

Uruguay ofrece en esta área técnicas de última generación, igual que en el lugar más desarrollado del mundo, con profesionales capacitados debidamente que hacen las cosas muy bien, y con empresas multinacionales de insumos que tienen todos los lentes intraoculares y las sustancias que se usan. En nuestra clínica se usa un lente de última generación que se llama Natural, que incluso tiene filtros para la radiación azul, que estudios recientes hacen pensar que produce maculopatía, que es una enfermedad que aparece comúnmente en las personas mayores.

Afortunadamente los diabetólogos en nuestro país envían al paciente al oftalmólogo en forma permanente. La frecuencia de las consultas depende de la situación  oftalmológica de cada persona. Los pacientes diabéticos deben perder el miedo a operarse. No existen diferencias en la técnica quirúrgica ni en la indicación, con respecto a un paciente no diabético. Si la calidad de vida del paciente diabético está amenazada, el paciente se debe operar.



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