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Dr. Carlos Russo
Deseo Sexual: naturaleza y componentes.PDFImprimirE-mail
Escrito por Dr. Carlos Russo

El cerebro es nuestro principal órgano sexual. Desde él, parte el deseo sexual o libido o apetito sexual una vez que se produce la activación del Sistema límbico y otras estructuras de nuestro sistema nervioso central.

En el ser humano, el deseo sexual es en inicio, instintivo. Ya desde el nacimiento existe el mismo. A través del desarrollo, ese deseo va pasando por diferentes etapas más o menos variables según cada individuo y que finalizan en la capacidad de querer buscar una relación sexual o ser receptivo a ellas frente a una motivación y  con una finalidad erótico-placentera a diferencia de los animales que dependen del estado de celo. Si lo mismo ocurriera con los seres humanos, el deseo se despertaría únicamente con un fin reproductivo.

En la naturaleza del deseo sexual, encontramos elementos neurofisiológicos en gran medida, aun desconocidos para la ciencia pero donde, tanto el Sistema Límbico como las hormonas sexuales (andrógenos principalmente), juegan un importante rol.

Existe además una disposición emocional que nos permite buscar o recibir el estimulo sexual. Este es un factor aprendido a través de los años mediante la socialización sexual.

Por último, tenemos los inductores de sensaciones y sentimientos sexuales que pueden ser internos como lo son los pensamientos y fantasías o externos que el sujeto recibe a través de sus sentidos.

El Dr. Manuel Novoa, divide con fines puramente didácticos, al deseo sexual en No selectivo y Selectivo en lo que se refiere a sus componentes.

Deseo sexual No selectivo.

En este caso, el deseo sexual no se dirige a una persona en particular, de ahí es que es No selectivo. En el deseo no selectivo hay una clara referencia a la orientación sexual y esta puede ser heterosexual, homosexual o bisexual. En resumen,  se desea al sexo biológico que a esa persona le atrae sexualmente. Tanto el componente instintivo de la sexualidad como la testosterona acá juegan un papel importante al igual que la memoria erótica tanto positiva como negativa en relación a la satisfacción experimentada en experiencias no selectivas previas. Como no tiene relación con una persona determinada, aparece antes de que dos personas se conozcan. Esta presente desde niño y varia con la edad y los factores socioculturales o vivenciales en materia sexual.

Deseo sexual selectivo.

Es el deseo dirigido hacia una persona determinada, conocida y que atrae sexualmente. No pesan en este caso lo instintivo o lo hormonal salvo en la medida de que se requieran para, simplemente, estimular el deseo. Acá, el relacionamiento previo con esa persona determinada en lo que se refiere a la interacción en general y no solo en lo sexual, es lo que está presente cuando se es selectivo. Por ello es necesario que se haya establecido un vínculo previo y que se genere atracción sexual. Este deseo sexual selectivo es la primera fase de la respuesta sexual humana.

Como vemos por lo dicho anteriormente, no es tan simple como a veces se pretende en la práctica clínica, el atribuir la disminución  o la pérdida del deseo sexual exclusivamente a factores hormonales.

Vemos frecuentemente en nuestra consulta, pacientes provenientes de otros centros sexológicos que han sido sometidos a largos y costosos tratamientos hormonales. Nos referimos específicamente al uso indiscriminado de la testosterona. Hemos tenido pacientes que fueron sometidos al uso de estos fármacos para el tratamiento de la eyaculación rápida, cosa que está totalmente por fuera de cualquier criterio medico serio y racional.

Cuando nos encontramos frente a un paciente que nos consulta por una pérdida o disminución del deseo sexual, luego de descartar que no sea una consecuencia del temor al desempeño secundario a una disfunción eréctil, y que configure un Síndrome de deficiencia androgénica con todo su complejo sindromático, tenemos entonces sí que valorar sus niveles hormonales y de acuerdo a su resultado tratarlo o no según el caso siempre  que no existan contraindicaciones.

Para ello, nosotros valoramos la testosterona total y libre, la prolactina, y según la edad del paciente, valoramos el antígeno prostático específico.

Me interesa recalcar que el trofismo de la Próstata depende de la testosterona en sangre, por ende si hay patología de esta glándula, no usamos testosterona.

Bibliografía consultada: Introduccion a la Sexologia del Dr. Manuel Novoa Noceto, amigo y colega.



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