Diabetes al día

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Dra. Adela González Barnech
¿Qué voy a llevar de Merienda!PDFImprimirE-mail
Escrito por Dra. Adela González Barnech

Lo que quieren los niños vs lo que es más fácil para los padres: ¿deseos contrapuestos?

En algún momento, todos hemos pasado por la circunstancia crucial de decidir la merienda escolar. En la medida que reflexionamos, podremos comprobar que este “ejercicio de inventiva” comenzó con aquellas meriendas que llevábamos nosotros mismos en primaria, continuó en el liceo, y quizá actualmente lo repetimos con nuestros hijos. Era frecuente que se estableciera un pequeño “forcejeo” entre las distintas partes negociadoras (hijo/s-hermanos-padres), con el fin de sustituir el contenido de la vianda ya preparada. El desafío era siempre lograr una especie de “pacto” favorable para la parte “débil”, que evidentemente, la conformábamos nosotros, los escolares.

 

El horario extendido en los Institutos de Enseñanza trajo consigo, asimismo, junto a más momentos de recreo, el tener que agregar otra merienda. En estos casos, el “problema” se complica aún más: hay que pensar en dos meriendas diferentes por día. La escasez de tiempo en el hogar para organizar los menús de la semana, incluye las dificultades propias  de pensar en meriendas escolares que resulten atrayentes y variadas.

Es así como, la forma más rápida de conseguir la merienda para los chicos son los kioskos o almacenes, que con frecuencia se encuentran muy cerca de los centros escolares. Comprada por los padres o por ellos mismos, lo que importa será la calidad en la selección. Y éste es el punto primordial, ya que los interesados en consumirlas son los que opinan; y su opinión tiene mucho peso en ese trance, donde las decisiones tienen prisa. El resultado es que padres e hijos se van acostumbrando a lo fácil y práctico: el producto viene en un envase pequeño, atractivo, que luego se tira; el contenido se come fácil y siempre gusta.

Con las merienda “de compra rápida”, se asegura que ésta será del gusto del niño, y se  evita, por otra parte, ese indeseado sentimiento de desencanto, al reencontrarse a la vuelta con la merienda intacta en la mochila. Los que alguna vez jugamos ese papel –de proveedores y/o consumidores de meriendas- podemos haber compartido todas estas experiencias; sin embargo en el fondo, y de alguna forma, se reconoce que estos productos no son saludables.

En la etapa liceal existe un problema añadido, que se convierte en fundamental, y que consiste en el sentimiento de “pertenencia” al grupo. Por esta razón, la mayoría de los adolescentes se resisten a llevar la propia merienda: la compran en la cantina de la Institución, como lo hacen los demás, o no comen nada.

La decisión para el cambio.

Desde hace unos años, se observa en el consultorio un aumento del número de pacientes que concurren con el fin de aprender hábitos saludables personalizados, así como también la forma de extenderlos a todo el grupo familiar. Las madres son, sobre todo, las que consultan para recibir orientación en cómo organizar de forma saludable las meriendas de sus hijos; conscientes que la fórmula descrita anteriormente es la menos apropiada.

Hay diferentes protagonistas que despiertan y/o impulsan la idea del viraje de dirección en la calidad de los hábitos personales y familiares. La visión de la necesidad del cambio surge generalmente de ambos padres, o de alguno de ellos, a propósito de un problema de salud; sin embargo, últimamente, también los hijos son los impulsores primarios. En el consultorio, se observa con sumo agrado cómo son los hijos los que provocan la consulta de sus padres, motivándolos a una mejor calidad de vida. Asimismo, existen facilitadores que rodean a los niños, a las familias y a los individuos en su globalidad, y que contribuyen a la promoción de los cuidados personales y a la búsqueda de la prevención. En este sentido, juegan un rol importante la divulgación de información en la prensa, programas de radio o televisión; la propaganda saludable por parte de empresas, lo mismo que las de Instituciones de salud pública y privada. Promueven estilos de comportamiento que mejoran la calidad de vida, reforzando los mensajes que se le da en consultorio. De esta forma, se va adquiriendo la conciencia de que, ocuparse en permanecer en salud, es un fin preciado, por el que hay que trabajar con perseverancia.

El momento clave es la toma de decisión de ambos padres para apoyar el cambio, reconociendo que incorporar hábitos saludables produce beneficios actuales y potenciales para las restantes etapas hacia la adultez.

En este sentido, hay actores principales para iniciar y consolidar este proceso: el ambiente familiar y el de la Institución educativa. Ambos interactúan en forma integral y conjunta, estimulándose y retroalimentándose en continuidad. En este ámbito, los padres muchas veces han sido los promotores de cambios en la calidad de las meriendas, por no estar de acuerdo con sus ideales de alimentación. En otras, fueron las maestras quienes han propuesto, con mucho éxito, modificarlas. Actualmente, con el apoyo del Ministerio de Salud Pública (MSP), las cantinas de las Instituciones de enseñanza serán también objeto de cambios saludables.

Alimentación saludable en los centros de enseñanza.

El 18 de setiembre del año 2013, se aprueba en la Cámara de Representantes, la Ley N° 19.140: “Alimentación saludable en los centros de enseñanza”, publicada el 28 de octubre del mismo año, cuya finalidad está expresada fundamentalmente en el Artículo 2 (la negrita es nuestra).

Artículo 2º.- Son objetivos específicos de esta ley:

A) Ejecutar acciones tendientes a mejorar el estado nutricional de niños, niñas y adolescentes que asisten a centros educativos públicos y privados.

B) Promover hábitos alimentarios saludables en toda la población, iniciando en la infancia la educación pertinente.

C) Favorecer que los alumnos que concurren a estos establecimientos tengan la posibilidad de incorporar a los hábitos alimentarios alimentos y bebidas nutritivamente adecuados, estableciendo que los mismos estén disponibles en cantinas y quioscos que se encuentren dentro de los locales educativos.

D) Incorporar a los hábitos alimentarios alimentos y bebidas aptos para celíacos y diabéticos como forma de promover la equidad también a este nivel.

E) Promover que la oferta de alimentos y bebidas en cantinas, quioscos y locales ubicados en el interior de los locales educativos se adecuen al listado establecido en el artículo 3º de la presente ley.

Las directivas de la Ley, promueven indicaciones de la OMS y de la FAO sobre la calidad de los alimentos y bebidas en cuanto a que contengan: bajo contenido de sal, de azúcares libres, de grasa saturada y de grasas tipo trans; promoviéndose la incorporación de fibras y ácidos grasos poliinsaturados fundamentalmente omega-3 (el que está en la soja (por ej.) y el que está en los pescados azules) y omega-9 (el aceite de oliva).

La calidad de la dieta: un factor determinante en la prevención de enfermedades.

Cuando se piensa en la forma de alimentación de los niños, se da por supuesto que ésta interviene en forma decisiva en su salud o enfermedad. Lo que se pierde, con frecuencia, es el valor de la relación existente entre esa alimentación y el estado de salud-enfermedad de su vida de adulto. Esta repercusión es de suma importancia: en la actualidad los niños están presentando, con una incidencia alarmante, patologías que se veían en la adultez. La presencia de hipertensión y diabetes, asociados con sobrepeso y obesidad, son patologías que han aumentado en los niños y en los adolescentes.

Los profesionales tienen la experiencia de obtener de los pacientes, como respuesta a la pregunta sobre antecedentes familiares de diabetes, esta frase: “Mi padre tiene diabetes, pero de la clase de diabetes que viene con los años”. Actualmente, por el contrario, este tiempo se ha acortado, y el número de niños que presentan diabetes va en aumento; así como el de los niños con hipertensión arterial y obesidad. Lo mismo sucede con la presencia de grasa en el hígado (esteatosis hepática): signo ecográfico que se veía en consultorio, con mayor frecuencia, en obesos adultos y de larga evolución.

La hipertensión arterial, dietas no saludables, peso aumentado, sedentarismo, alteraciones de los lípidos en sangre (dislipemias), son algunos de los factores determinantes de riesgo para el desarrollo de enfermedades crónicas, tales como diabetes, enfermedad cardiovascular, cáncer, entre otras. Cada uno tiene sus raíces en determinados comportamientos o estilos de vida no saludables personales y/o de su entorno familiar y social.  El punto que importa destacar es que estos comportamientos pueden ser “corregidos”: por lo que es posible romper el círculo vicioso que estimula la enfermedad y sustituirlo gradualmente por hábitos buenos que dan la posibilidad de frenar el inicio de la misma.

Trabajar en responder la pregunta adecuada.

La dificultad para establecer el cambio, está en saber responder a la pregunta correcta. Desde hace muchos años se viene estudiando y trabajando en prevención, por lo que se podría decir que la pregunta adecuada no es “¿qué hacer?”, sino “¿cómo hacer?”.

En marzo del presente año (2014), directivos del Programa Nacional de Nutrición del MSP publican el documento “Lineamientos para la venta y publicidad de alimentos en centros de enseñanza primaria y secundaria públicos y privados del país”, del mismo se extraen los puntos claves para entender la calidad de alimentos y bebidas nutricionalmente adecuados a ofrecer a los niños y adolescentes. Hay dos objetivos principales:

1. Alimentos y bebidas con un adecuado valor nutricional: priorizar los alimentos naturales o con mínimo procesamiento.

2. Evitar superar las ingestas diarias recomendadas y prevenir exceso de peso: limitar consumo de azúcares libres, sodio, grasas saturadas y tipo trans.

De esta forma, y respondiendo a la pregunta planteada, estos datos son básicos para que también los padres puedan realizar el “¿cómo hacer?”. Con ellos serán creativos al organizar las comidas en familia, así como las meriendas que llevarán los hijos. A continuación se exponen las recomendaciones del documento.

Grupo 1: Alimentos y bebidas naturales o mínimamente procesados recomendados: Son alimentos y bebidas, que por su contenido en vitaminas, minerales, fibra y/o tipo de grasas contribuyen a mejorar la calidad de la alimentación y/o a la prevención de enfermedades crónicas.

Frutas frescas: enteras o mínimamente procesadas (peladas y cortadas en trozos, deshidratadas o en ensaladas) que no contengan azúcares añadidos.

Frutos secos y semillas (como maníes, nueces, almendras, semillas de girasol, etc.): que no contengan azúcares, sal ni grasas añadidas (no fritos). Deberán presentarse en un tamaño de envase adecuado para no exceder el valor energético máximo de 200 kcal establecido por porción (aproximadamente 30 gr ó 2 cucharadas).

Leche: preferentemente descremada o semidescremada, en cualquiera de sus formas de conservación.

Productos lácteos (leches fermentadas, yogures, etc.): elaborados a partir de leche entera, descremada o semidescremada, sin agregados de confites o golosinas, que cumplan con los criterios establecidos en cuanto al contenido de nutrientes y energía.

Agua: envasada. No se consideran aguas aquellas que contienen agentes aromáticos y/o edulcorantes, incluidas en la categoría de bebidas refrescantes.

Jugos: 100% de fruta natural y jugos de fruta a base de concentrado que no contengan azúcares añadidos o edulcorantes no calóricos.

Bebidas: a base de hortalizas sin azúcares añadidos o edulcorantes no calóricos.

Grupo 2: Preparaciones elaboradas con ingredientes recomendados.

Refuerzos o sándwiches: preferentemente elaborados con pan integral, pudiendo contener quesos con bajo contenido de grasa (magro, muzzarella, danbo, cuartirolo) y sodio y agregado de vegetales.

Bizcochuelos y tortas caseras: elaboradas con aceite, sin manteca ni margarina. Preferentemente con agregado de frutas o vegetales.

Galletitas caseras o scons: elaborados con aceite, sin manteca ni margarina, preferentemente en base a harinas integrales, simples o con agregado de semillas, frutos secos, frutas o vegetales.

Grupo 3: Alimentos procesados que cumplan con los límites establecidos en cuanto al contenido calórico y de nutrientes, cuyo envase deberá contener una sola porción.

Postres de leche: elaborados a partir de leche entera, descremada o semidescremada, que cumplan con criterios establecidos para lácteos.

Cereales: de desayuno y barritas de cereales siempre que cumplan los criterios establecidos para alimentos en general.

Galletas, panificados y productos de repostería: cuando cumplan los criterios establecidos para el contenido de energía y nutrientes.

Helados: preferentemente elaborados con leche que cumplan los criterios previamente establecidos.

Con estas indicaciones, los padres podrán reconocer aquellos productos que gustan consumir habitualmente sus hijos y que no son recomendados por su composición nutricional. De esta forma, pueden cambiar las tácticas en las compras y en disponer de un tiempo de planificación, organización y elaboración de las meriendas, haciéndolas variadas y atractivas en gusto y presentación.

Es importante recordar que las meriendas deben ser personalizadas, ya que los hijos tienen diferentes necesidades nutricionales. Una buena práctica para su organización, es planificarlas de acuerdo a la presencia o ausencia en cada hijo de: exceso de peso, diabetes, enfermedad celíaca, hipertensión arterial, u otra enfermedad. Recién después se podrá elaborar un listado de alimentos recomendados para ese hijo, evitando aquellos que no están indicados.

Son buenas prácticas: evitar productos hipercalóricos en general; sustituir los snacks con concentraciones elevadas de grasa y sal (papas fritas o similares), por otros que contengan frutas envasadas cortadas o deshidratadas; elaborar alimentos caseros con productos saludables y con las características descriptas.

Bajo contenido de azúcares libres, bajo contenido de sal, bajo contenido de grasas saturadas, evitar grasas trans; aumentar fibra y omega 3 y omega 9: tips a recordar para hacer de la alimentación una cuestión de vida.

Vale la pena.



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