Diabetes al día

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Lic. en Nut. María del Carmen Rodríguez
Los abuelos y la Diabetes.PDFImprimirE-mail
Escrito por Lic. en Nut. María del Carmen Rodríguez

En los últimos años se ha visto aumentado el número de personas mayores de 65 años que se enteran que son diabéticas o bien “que tienen diabetes”. Demás está decir que la diabetes es una enfermedad crónica cuya frecuencia es mayor en relación a la edad avanzada.

Cuando en una familia aparece el abuelo o la abuela de la casa con este diagnóstico, surgen muchas veces conflictos familiares sobre cómo apoyar, cómo controlar que esta persona –“el abuelo”- no coma demás, qué comidas hacer si no le gustan las verduras, -¡que terrible!-; y  con la cantidad de fruta que come ¿qué hacer? O bien la frase repetida en las consultas nutricionales: “¡decile a la nutricionista que el sábado te comiste dos bizcochos y el domingo querías comerte un plato de ravioles con tuco!”. Es decir que el abuelo queda en evidencia sin posibilidad de poder decir muchas veces: “¡fue una sola vez este mes!”.

Otras personas de avanzada edad -mayores de 75 años- concurren solos a la consulta, sea con el diabetólogo, con la nutricionista, podólogo, comprenden muy bien su tratamiento y participan del mismo con preguntas, buscando respuestas que aclaren sus  dudas. Otros llevan prolijos registros de sus comidas, de sus valores de glucemia.

De esto se desprende que no todos los adultos mayores se comportan igual, ni todas las familias apoyan o acompañan de la misma manera. La familia protectora estará detrás del abuelo para que este no coma a escondidas, o sea “que no robe comida”, que tome la medicación en hora si es que la tiene, y si es activo, si trabaja, si va al club, y si sale a caminar, que no termine comprando bizcochitos en la panadería del barrio con la excusa que son para los nietos, y en el camino de vuelta a casa se come algunos.

Hoy día, los abuelos están cada vez más activos, participan de actividades variadas en los clubes de abuelos, comparten con jóvenes y niños desde programas de televisión, hasta la computadora de la casa, porque ellos también quieren saber cómo se “maneja la computadora”, cómo se mandan e-mail, más aún si hay algún familiar en el exterior y lo podemos ver con la “camarita”.

Por suerte entonces, esta etapa de la vida cada día más está dejando de ser sedentaria y solitaria. Siempre puede estar presente la oportunidad de participar en una actividad. Para los que no pueden desplazarse solos por limitaciones físicas y no de la diabetes el leer, pintar, jugar a las cartas, mirar películas, tejer, hacer tareas artesanales en general, permite que sigan siendo personas indispensables, porque siempre están a la orden para dar una mano.

Pero los adultos mayores que por primera vez en su vida se enteran que son diabéticos, a los 78, 79, 80 años, y al que su médico tratante les dijo que su diabetes está estable, controlada -dentro de los valores normales para su edad-, debemos apoyarlo y darle la tranquilidad que puede comer con más libertad que una persona con valores de glucemia elevados, y que el equipo de salud: médico, nutricionista, personal de enfermería, está para informarlo y apoyarlo sobre este padecimiento que le preocupa en esta etapa de la vida.

Debemos considerar que es diferente el adulto mayor que sabe que desde hace más de 20 años es diabético, pero que no quiso cuidarse o no le dio importancia a las indicaciones médico-nutricionales, que el que se entera a las edades mencionadas anteriormente. Desde el punto de vista nutricional en el adulto mayor algunos puntos  importantes son:

que disfrute de la comida

que pueda conservar sus hábitos y costumbres siempre que no perjudiquen su calidad de vida.

que coma a las horas y no realice períodos muy prolongados de ayunos (el hábito erróneo de merendar a las 17 horas y no comer nada hasta el otro día, por ejemplo).

que tome muy poco agua porque no le gusta o porque “no tiene sed nunca”.

que no deje de comer dos o tres frutas al día por temor de que “le suba la diabetes”.

que no cambie el pan por la galleta, porque le dijeron los amigos que el pan es “malo”.

que la familia no le permita comer pasta, papa, polenta, porque a él le gusta mucho y “le va a subir la glucemia”. Esto debe aclararse con la nutricionista tratante: cuál sería la porción, cuándo es plato único y cuándo va con acompañamiento de vegetales, etc.

no abandonar la copa de vino del domingo al mediodía si siempre acompañó su almuerzo


En fin, los abuelos seguirán haciendo picardías -solos o con sus nietos- porque de eso se trata, de disfrutar… pero no abusar.

Si Usted que está leyendo esta nota y se sintió identificado por ser un adulto mayor con diabetes o porque un familiar suyo tiene esa condición, no olvide si es posible anotar en un cuaderno los siguientes datos y llevarlos a la consulta con el diabetólogo:

-la hora en que se levanta

-si trabaja, qué es lo que hace y cuál es su horario

-la hora en que realiza las comidas principales: desayuno, almuerzo merienda y cena

-qué medicamentos toma y la hora

-cuáles son las comidas que más le gustan y cuáles no

-qué le gustaría comer y no se animó a hacerlo

-si toma mate, té o café en demasía, y por ello suspende comidas

-si duerme o descansa bien

-si realiza ejercicio (caminatas o va a un club deportivo o club de abuelos, etc.)

-si tiene problemas dentarios (prótesis flojas, falta de piezas .

En el anciano con diabetes lo destacable es no modificar drásticamente sus hábitos de vida.



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